viernes, diciembre 02, 2011

Paciente

Bien es sabido que somos insaciables y que siempre hay un problema, una angustia, una preocupación o  añoranza que hace que no nos estacionemos; es lo que nos diferencia de los conformistas, llámalo ambición si quieres. 


Quienes no se conforman con lo que tienen, se caracterizan por la búsqueda incansable de algo, ese algo que en ocasiones no sabemos donde termina o si en algún momento llegará.


En los últimos tiempos me he desesperado un poco, quiero más de lo que tengo y por más de que intenté por varios caminos, solo me encuentro con puertas cerradas. Ésto activa todos los mecanismos de defensa y produce una respuesta automática inyectadora de motivación que me dice: no estás esforzándote lo suficiente, sigue intentando.


Luego de sentirme en un concurso en el que la tapa del refresco se cansó de decirme "sigue intentando", empezaron a subir los niveles de ansiedad, cayendo en frustración. El problema es que la frustración tiene una fina línea que divide la estabilidad emocional de la crisis, lo cual puede ser perjudicial para las demás áreas en las que te desempeñas -bloqueo-.


Ya caída en crisis, un sabio amigo me dijo "solo toca esperar"- ¿Esperar?¿qué espero?¿mientras hago qué cosa?- .Ésto me resultó perturbador e ignoré su sugerencia, más sin embargo, fue tanta mi insistencia en querer cambios en la vida que se me agotaron las ideas, ya no tenía ganas, ánimos ni puertas que tocar... ya era hora de rendirse.


Cuando decidí renunciar a los cambios, se sumaron millones de acusaciones como mediocridad, conformismo, inutilidad, desgano, baja autoestima y pare de contar. Sin embargo no tocó de otra sino llenarse de paciencia, apostar por tu salud y bienestar, buscar no afectar a terceros con decisiones desesperadas y no perder la calma. Hay que esperar.


En el camino, estamos en situaciones en las que la única solución es ser paciente, toca poner el fuego, la olla, el agua... pero para su punto de ebullición solo cabe la dulce y odiada espera; en ese momento funcionó (no tenía alternativa) y luego de un gran bloqueo mental, las cosas cayeron por su propio peso, los cambios (para bien o mal) hicieron aparición.


Cuando colocas todos los elementos posibles como empeño, dedicación, talento y buenas oportunidades solo resta sentarte y contemplar como ese fuego avivado hace hervir las condiciones en tu vida. El problema está en saber las cantidades exactas para mantener ese fuego con tenacidad latente, por el tiempo que sea necesario sin fallecer, porque una olla con poca llama solo hace que el agua merme y nunca consiga hervir el éxito esperado.


Hay que saber esperar, la pregunta es ¿cuánto?.

lunes, octubre 17, 2011

Soy un ladrón.

No soy una persona religiosa, pero creo en la existencia de un ser supremo que juzga y evalúa constantemente nuestras acciones. Por lo tanto, creo en el pecado y creo en Dios.


Hace unas semanas charlando sobre religión con unos amigos hablé sobre mis creencias y uno de ellos saltó a preguntarme: Si crees en Dios, ¿por qué tomas? ¡tomar es pecado! ¡eres una pecadora!.


Dándole vueltas en mi cabeza a tal acusación, pensé que Dios siendo tan sabio debía priorizar los pecados, es decir, ¿condenará a alguien por tomarse una Piña Colada con sus amigos o condenará a quien roba a otros?. Colocando el hecho de "robar" como un pecado de peso.


Esto me llevó a la pregunta: ¿qué es robar?. 


Según RAE: "Tomar para sí lo ajeno, o hurtar de cualquier modo que sea". Ésta definición no dice cómo, no dice qué, no dice cuántos. Por lo que infiero, el robo no necesariamente es de algo material. Entonces, podríamos quitarle al ajeno cosas como la vida, la paz, libertad, derechos, felicidad... y un sin fin de cosas (muchas de ellas no penadas por la ley). 


En algún momento de nuestras vidas le hemos robado el derecho de conocer la verdad a alguien, de todas las maneras de robar, ésta es la más indigna. Al mentir, le prives la capacidad de saber quién realmente eres, de conocerte; no importa la razón, así mintamos para no causar daño, para evitar dolor o alegrías a otros y nos excusamos en que "era lo mejor para el/ella"; no existen las mentiras blancas, mentir es mentir. No peores somos aquellos que mentimos para salvar nuestro pellejo, para ganar dinero, evitar pasar vergüenzas, etc. Mentimos de muchas formas pero en cada una de ellas seguimos comentiendo un delito, seguimos robando algo ajeno a nosotros.


Éste hecho es tan aceptado y común en nuestras vidas que no conformes con mentir a otros, somos capaces de mentirnos a nosotros mismos.  En un simple ¿cómo estás? respondemos "bien" así no sea cierto, gritamos palabras de amor aun sin sentirlas, dejamos de expresar sentimientos latentes por aparentar que las cosas están bien o que nada sucede; reprimimos verdades, omitimos sentimientos, y todo para mantener la "armonía" en nuestro alrededor, mas incrementar la inestabilidad de nuestro interior. 


Por lo tanto dentro de mi concepto de pecado robar es la cuna de todos los males; seré condenada y seré pecadora. Creo que nadie escapa de ésto, pero el hecho está en que una vez que hacemos consciente que algo está mal, hagamos lo posible por enmendarlo, por lo tanto evitar mentir sin importar las consecuencias que ésto traiga es una difícil tarea, por no decir imposible. Robarle la verdad a otros no es tan indigno como robarte la verdad, no engañes a otros, pero por sobretodas las cosas no te engañes a ti mismo.


Todos mentimos, corrijo: todos robamos. 


Somos ladrones. ¿Seremos condenados?

jueves, septiembre 08, 2011

No tengo muebles, estoy desnuda.



Las ocasiones especiales son aquellas en las que planificas hasta el modo de caminar con días de anticipación, te preocupas por saber qué te pondrás, que peinado usarás, te arreglas 2 horas antes (no quieres hacer esperar), ensayas frente al espejo, practicas la sonrisa, el tono de voz, hasta el maquillaje que usarás. Cuando hay ocasiones especiales, no recuerdas nada más en tu agenda, solo piensas cuanto falta para que llegue la hora.


Ante una relación que empieza, las ocasiones especiales se hacen frecuentes. Mientras pasas por esa etapa de "encanto", cada encuentro es especial, por lo tanto, merece toda la preparación antes descrita más las mariposas, la pena, los nervios y todos los accesorios. Es como una casa nueva con muebles nuevos; deseas que siempre esté en perfecto orden, limpia y linda.


Las ocasiones especiales te impulsan a dar lo mejor de ti, te llevan a mostrar tu mejor lado, no digo que esté mal, pero en muchas ocasiones esto conlleva a no mostrar lo negativo, nos inhibe de ser quién en realidad somos; te sientas de la manera correcta, te comportas de la manera correcta, no dices malas palabras, no muestras tus debilidades, solo te permites resaltar lo positivo, y en el caso que consideres que no hay mucho que mostrar, prefieres hablar poco y admirar lo cuán especial es quien te acompaña.


Claramente la mejor parte de las relaciones es su inicio, pero no es mi favorita. 


Cuando puedes mostrarte tal cual eres, cuando puedes ser tu con mal aliento, con acné, con el periodo, con rollitos en la cintura, despeinada, recién levantada, sin maquillaje, en pijamas, etc; cuando a pesar de que no haz afeitado tus piernas y no haz arreglado tus pies, decides usar falda solo porque sabes que igual le encantarás y te lo hará saber.

Cuando llega el momento en el que amas tal como es y eres amada tal como eres. La parte en la que no tienes que esconderte entre sábanas y dejas de cuestionarte para dar amor...el momento en que tu mente esta vacía... sin prejuicios ni autocríticas
y decides encender la luz porque estas desnuda. La casa nueva pierde su olor... sacas todos sus muebles y te quedas con la esencia...  Esa es mi parte favorita.


miércoles, agosto 03, 2011

¡Tenía tiempo sin usar estos zapatos!



Un día normal en una vida normal. Un compromiso común con alguien común; te arreglas como siempre, te vistes como de costumbre. Te miras al espejo y ves lo mismo de todos los días. A pesar de tu alegría no estás conforme con lo que llevas puesto, decides revisar de nuevo tu clóset y sorpresivamente te encuentras unos zapatos viejos que están como nuevos, enseguida te preguntas ¿por qué no los había visto antes?, decides sin dudar usarlos.


Sigue el día en tu vida normal y muchos se acercan a alabar tu atuendo. Les cuentas que no son nuevos, solo que tenías tiempo sin usarlos; sonríes y sigues tu camino. Al pasar el tiempo empiezas a sentir molestias, te incomodan tus lindos zapatos viejos, sin embargo ignoras el dolor que te causan. Pasado largo tiempo te das cuenta que cojeas, ya no puedes caminar más. Te detienes un momento, te sientas para ver con claridad el problema. Tus pies tienen ampollas.


El dolor es tan intenso que prefieres caminar descalza, con sentimiento de libertad, diciéndote una y otra vez: "ya recuerdo por qué dejé de usar estos zapatos, cómo olvidarlo".


En nuestras relaciones, con el pasar del tiempo, nos llenamos de zapatos viejos; por distintas razones se acaban noviazgos que suelen ser muy bonitos o muy dolorosos; unos llenos de aprendizaje y otros no. El caso es que se terminan. Cuando algo termina es porque estar sin él/ella es mejor opción.


A pesar de que se da por superada la relación, a veces nos da por querer usarlas de nuevo, y al igual que con nuestros zapatos queremos saber ¿Qué fue de la vida de mi ex? e intentamos ir en búsqueda de información. Uno que otro mensaje se convierte en, una que otra salida, uno que otro contacto físico y cuando no te das cuenta, están hablando de lo hermoso que fue, de la bien que la pasan juntos y de lo interesante que sería volver.


VOLVER, palabra menos indicada.


El caso es que en ese momento no recordamos nada negativo y obviamos todos los defectos, problemas, malos actos que la/lo llevaron a la categoría de "ex". Haciéndote la vista gorda, aceptas el reto y se reinicia el "amor" por tus zapatos viejos. Salen, comparten, se aman y todo es felicidad. Al cabo de los meses empiezas a sentir las molestias, salen a relucir miles de incomodidades que no piensas soportar. Recuerdas que ya habías pasado por esto antes y vienen a tu mente flashbacks de lo tormentoso que fue. Por eso no usas esos zapatos, por eso terminaron, por eso se acabó.


En ocasiones hay  monotonía en nuestras vidas y decidimos tener cambios. El verdadero cambio no implica volver a atrás; cambiar no significa devolverse ni mucho menos reciclar. Si quieres un ligero cambio hazlo en tí, no en tratar de acomodar lo que ya está dañado, no en intentar lo mismo con una nueva estrategia.


Si deseas algo, mejor búscalo mirando hacia adelante y no hacia atrás. Cambia para mejor, cambia de lugares que visitar, cambia de hobbies, cambia el lugar en el que vives, aprende cosas nuevas, intenta cosas nuevas. Tus zapatos viejos bótalos o mejor regálalos, alguien sin zapatos les dará un mejor valor.


"Si quieres resultados distintos, deja de hacer siempre lo mismo".

viernes, julio 15, 2011

Ctrl+Alt+Supr

Todos nos equivocamos. Regularmente, frente a nuestra computadora, realizando tareas, cometemos errores y para estas ocasiones siempre está un Edición>Deshacer que salva el día; lo deja todo tal y como estaba antes. Eso facilita la vida de muchos, permitiendo terminar nuestras obligaciones sin problemas, así de fácil. No importa el error que se cometa, siempre está un Ctrl+Z al rescate que actúa como si nada hubiese pasado: sea lo que sea, deja sin efecto la última acción.

Desafortunadamente, en la vida no todos los errores se arreglan de la misma manera. En algún momento mentimos, erramos, ocultamos, asumimos, evadimos, engañamos, obligamos, imponemos, olvidamos, en fin... una gran serie de cosas que, según el ojo que lo mire, son decisiones correctas o erróneas. La sociedad nos da el permiso y nos lo dice a cada rato: "Errar es de humanos".

Pero, ¿qué pasa cuando nos sobregiramos en errores, cuando ya la montaña de equivocaciones llega al tope, cuando las mentiras rebosan en tu cara y los engaños rebotan al caminar?... fácil, hacemos daño a otros. Así es, perjudicamos a terceros, y quien crea que esto es trabajo fácil se equivoca. Cuando tocamos el límite de equivocaciones, la pagamos caro. Recoger la moral no es para principiantes y allí es cuando comienza la acción: abrimos en los demás una gran herida donde lo que sobra son lágrimas, gritos, lamentos y hasta a veces sangre; una herida que en ocasiones es tan grande que cuesta suturar. Por lo tanto, si queremos seguir en marcha, la llenamos de "curitas" para saber cuánto más puede soportar con vida el afectado.

Entonces, comienza la segunda parte del trabajo duro de ser "humanos": las lamentaciones. Quienes son expertos en el área recomiendan, por cada mentira, pedir perdón las veces que sea necesario. Embriagar de argumentos como: "no fue mi intención", "no sé por qué lo hice" y un sin fin de habilidades que debes desarrollar para intentar arreglar las cosas es parte del protocolo.

En caso de que aquello no sea suficiente, cuando las cosas se complican, negarlo hasta al final es una opción, pero, a mi parecer, no la más recomendable. Podríamos salir victoriosos, pero nunca seremos inocentes. Para poder sostener un engaño, no hay más remedio que seguir engañando; cuidar cada detalle para no ser descubierto (definitivamente es trabajo para profesionales), ser cauteloso con lo que dices, haces o dejas de hacer, porque cada movimiento en falso es una oportunidad para ser descubiertos y tener que comenzar de nuevo con el proceso. Nos llenamos de vendas suficientes para detener el sangrado y comenzar de nuevo el trabajo duro de recuperar la confianza del otro.

En la vida (mas aún si de emociones hablamos), no tenemos un superhéroe Ctrl+Alt+Supr que dé marcha atrás y enmiende los errores que día a día cometemos. Sólo queda asumir nuestras equivocaciones, aunque esto implique abandonar o ser abandonados, terminar con la relación porque fui yo quien falló y no hay perdón que valga. Aunque sea duro, es el mejor camino, además, es el más corto.

Cuando el protagonista no eres tú y pasas a ser el afectado, la cosa se torna mucho más fácil; no necesitas de mucha inteligencia para resolver, total, la conciencia limpia es un beneficio a tu favor. Te puedes topar con mucha decepción, pero sabes que el culpable se topará con cosas peores. Cuando tienes el viento de tu lado, no cuentas con un Edición>Deshacer, pero sí cuentas con dejar todo atrás, levantarte y seguir tu camino: sabes que de personas así siempre hay algún aprendizaje. Si eres víctima, no le des muchas vueltas: dale Ctrl+Alt+Supr a tu mente y corazón, reiníciate la vida; sal de tu caparazón; conoce gente nueva; haz cosas distintas para no caer en lo mismo, sin generalizaciones, sin rencores, sin resentimientos.

Formatea la mente, no tengas miedo e inténtalo de nuevo las veces que sean necesarias.
Restaura tu imagen, ten una vista previa de lo que se avecina… ¡Disfruta!

miércoles, julio 13, 2011

100fps

Antes de amanecer, siempre oscurece. Algo muy cierto y es aplicable a cualquier área de nuestra vida, especialmente si de emociones hablamos; porque en ocasiones inesperadas estamos frente a un abismo sin comprender, sin compañía, sin atención, dispersos, confundidos y no queremos la realidad en la que estamos; queremos vivir en el pasado, ¿tal vez? queremos que todo esté bien, que todo esté lleno de amor, ¿cómo antes?, tal vez no sea la mejor opción; no gratuitamente el presente es distinto.

En ocasiones dejamos que nuestra felicidad dependa de algo o alguien, cuando el deja de estar a nuestro lado, sentimos que estamos tocando fondo, que se acabó y que ya no podemos dar más; en ese mismo instante nos sumergimos en total oscuridad, empezamos a buscar posibles soluciones y no obtenemos más que intentos fallidos ¿qué hago? ¿Cómo salimos de ésta? no lo sé... solo pasa. Sin darte cuenta después de tanto darle vueltas al asunto, después de tanto llorar, lamentar, perdonar, gritar, pensar... abres los ojos, miras el reloj y ves que casi son las 6:00am y ya está saliendo el sol. Así es, ya está tocando tu piel, ¡enhorabuena! descienden todas las ocasiones positivas que nos recuerdan cómo sonreír; adiós al frío de la oscuridad, ya no hay miedos, ni tristezas... todo está mas claro y en paz, ¿qué hiciste para que eso pasara? ni te acuerdas, solo pasó porque así lo permites.

En los momentos cuando todo se torne oscuro, respira un segundo, detente y recuerda que por muy mal que se vea tu futuro, luego de tanta oscuridad, el sol sale para todos; a iluminarte y dejarte poder ver más allá de tus problemas, más allá de él/ella, más allá de cualquier cosa que nos tenga amarrados y haga tender de un hilo nuestra felicidad. Cuando estás lleno/a de luz, en ese instante en el que te sientes como un superhéroe, hombre inmortal, tienes la palabra éxito tatuada en la frente, la victoria vuelve a ser tuya y eres capaz de lo que sea, con la ideología de que ésta vez nadie te la quita; y ni entiendes cómo pasó, o como pudiste caer tan bajo si ahora estás tan alto. Dicen que el tiempo lo sana todo, yo digo que el tiempo lo decides tú.

Lo que a veces no vemos, es que no siempre ver el sol significa un problema superado, a veces ese sol que se asoma es un sol que quema, que nos causa dolor, que es de calor intenso. Porque en ocasiones no nos damos cuenta que no acabamos con lo que trajo la oscuridad, aún somos frágiles y le hemos dado el control de nuestra felicidad a otro/otra, sólo que ésta vez tiene nombre nuevo. Y muchos de nosotros cuando ésto pasa, nos ponemos las gafas oscuras, vemos el sol y lo disfrutamos a pesar de que se enrojece nuestra piel y de que estamos propensos a millones de enfermedades por exponernos a él sin importar consecuencias.

Está bien, disfruta del calor del sol mientras dure, pero al final de cada noche de oscuridad sobrellevada... despierta, levántate y ésta vez toma tus previsiones: un protector solar de 100fps para tu corazón, una sombrilla para tu mente, la ropa adecuada para tu alma y prepara un paseo perfecto para la compañía de éste día que se inicia. Trata de no pensar en el tiempo y tu día tendrá más horas, trata de olvidar los días anteriores para no perder el foco de hacia dónde vas en el día de hoy, intentando borrar las manchas que otros soles dejaron, sanando tu piel. Llénate de luz, porque así como hoy alguien enciende tu despertador para que veas lo soleado que está el día, mañana puedes quitarle las sábanas de la cara y despertar alguien más.

Busca un sol nuevo, distinto, sano y por sobretodo un sol que te permita ser libre; que no cambie tu color, que no dañe tu cabello, que no transforme tu ser, que no permita perder tu esencia, así, caminarás con luz propia y podrás ser el sol de alguien más.