viernes, julio 15, 2011

Ctrl+Alt+Supr

Todos nos equivocamos. Regularmente, frente a nuestra computadora, realizando tareas, cometemos errores y para estas ocasiones siempre está un Edición>Deshacer que salva el día; lo deja todo tal y como estaba antes. Eso facilita la vida de muchos, permitiendo terminar nuestras obligaciones sin problemas, así de fácil. No importa el error que se cometa, siempre está un Ctrl+Z al rescate que actúa como si nada hubiese pasado: sea lo que sea, deja sin efecto la última acción.

Desafortunadamente, en la vida no todos los errores se arreglan de la misma manera. En algún momento mentimos, erramos, ocultamos, asumimos, evadimos, engañamos, obligamos, imponemos, olvidamos, en fin... una gran serie de cosas que, según el ojo que lo mire, son decisiones correctas o erróneas. La sociedad nos da el permiso y nos lo dice a cada rato: "Errar es de humanos".

Pero, ¿qué pasa cuando nos sobregiramos en errores, cuando ya la montaña de equivocaciones llega al tope, cuando las mentiras rebosan en tu cara y los engaños rebotan al caminar?... fácil, hacemos daño a otros. Así es, perjudicamos a terceros, y quien crea que esto es trabajo fácil se equivoca. Cuando tocamos el límite de equivocaciones, la pagamos caro. Recoger la moral no es para principiantes y allí es cuando comienza la acción: abrimos en los demás una gran herida donde lo que sobra son lágrimas, gritos, lamentos y hasta a veces sangre; una herida que en ocasiones es tan grande que cuesta suturar. Por lo tanto, si queremos seguir en marcha, la llenamos de "curitas" para saber cuánto más puede soportar con vida el afectado.

Entonces, comienza la segunda parte del trabajo duro de ser "humanos": las lamentaciones. Quienes son expertos en el área recomiendan, por cada mentira, pedir perdón las veces que sea necesario. Embriagar de argumentos como: "no fue mi intención", "no sé por qué lo hice" y un sin fin de habilidades que debes desarrollar para intentar arreglar las cosas es parte del protocolo.

En caso de que aquello no sea suficiente, cuando las cosas se complican, negarlo hasta al final es una opción, pero, a mi parecer, no la más recomendable. Podríamos salir victoriosos, pero nunca seremos inocentes. Para poder sostener un engaño, no hay más remedio que seguir engañando; cuidar cada detalle para no ser descubierto (definitivamente es trabajo para profesionales), ser cauteloso con lo que dices, haces o dejas de hacer, porque cada movimiento en falso es una oportunidad para ser descubiertos y tener que comenzar de nuevo con el proceso. Nos llenamos de vendas suficientes para detener el sangrado y comenzar de nuevo el trabajo duro de recuperar la confianza del otro.

En la vida (mas aún si de emociones hablamos), no tenemos un superhéroe Ctrl+Alt+Supr que dé marcha atrás y enmiende los errores que día a día cometemos. Sólo queda asumir nuestras equivocaciones, aunque esto implique abandonar o ser abandonados, terminar con la relación porque fui yo quien falló y no hay perdón que valga. Aunque sea duro, es el mejor camino, además, es el más corto.

Cuando el protagonista no eres tú y pasas a ser el afectado, la cosa se torna mucho más fácil; no necesitas de mucha inteligencia para resolver, total, la conciencia limpia es un beneficio a tu favor. Te puedes topar con mucha decepción, pero sabes que el culpable se topará con cosas peores. Cuando tienes el viento de tu lado, no cuentas con un Edición>Deshacer, pero sí cuentas con dejar todo atrás, levantarte y seguir tu camino: sabes que de personas así siempre hay algún aprendizaje. Si eres víctima, no le des muchas vueltas: dale Ctrl+Alt+Supr a tu mente y corazón, reiníciate la vida; sal de tu caparazón; conoce gente nueva; haz cosas distintas para no caer en lo mismo, sin generalizaciones, sin rencores, sin resentimientos.

Formatea la mente, no tengas miedo e inténtalo de nuevo las veces que sean necesarias.
Restaura tu imagen, ten una vista previa de lo que se avecina… ¡Disfruta!

miércoles, julio 13, 2011

100fps

Antes de amanecer, siempre oscurece. Algo muy cierto y es aplicable a cualquier área de nuestra vida, especialmente si de emociones hablamos; porque en ocasiones inesperadas estamos frente a un abismo sin comprender, sin compañía, sin atención, dispersos, confundidos y no queremos la realidad en la que estamos; queremos vivir en el pasado, ¿tal vez? queremos que todo esté bien, que todo esté lleno de amor, ¿cómo antes?, tal vez no sea la mejor opción; no gratuitamente el presente es distinto.

En ocasiones dejamos que nuestra felicidad dependa de algo o alguien, cuando el deja de estar a nuestro lado, sentimos que estamos tocando fondo, que se acabó y que ya no podemos dar más; en ese mismo instante nos sumergimos en total oscuridad, empezamos a buscar posibles soluciones y no obtenemos más que intentos fallidos ¿qué hago? ¿Cómo salimos de ésta? no lo sé... solo pasa. Sin darte cuenta después de tanto darle vueltas al asunto, después de tanto llorar, lamentar, perdonar, gritar, pensar... abres los ojos, miras el reloj y ves que casi son las 6:00am y ya está saliendo el sol. Así es, ya está tocando tu piel, ¡enhorabuena! descienden todas las ocasiones positivas que nos recuerdan cómo sonreír; adiós al frío de la oscuridad, ya no hay miedos, ni tristezas... todo está mas claro y en paz, ¿qué hiciste para que eso pasara? ni te acuerdas, solo pasó porque así lo permites.

En los momentos cuando todo se torne oscuro, respira un segundo, detente y recuerda que por muy mal que se vea tu futuro, luego de tanta oscuridad, el sol sale para todos; a iluminarte y dejarte poder ver más allá de tus problemas, más allá de él/ella, más allá de cualquier cosa que nos tenga amarrados y haga tender de un hilo nuestra felicidad. Cuando estás lleno/a de luz, en ese instante en el que te sientes como un superhéroe, hombre inmortal, tienes la palabra éxito tatuada en la frente, la victoria vuelve a ser tuya y eres capaz de lo que sea, con la ideología de que ésta vez nadie te la quita; y ni entiendes cómo pasó, o como pudiste caer tan bajo si ahora estás tan alto. Dicen que el tiempo lo sana todo, yo digo que el tiempo lo decides tú.

Lo que a veces no vemos, es que no siempre ver el sol significa un problema superado, a veces ese sol que se asoma es un sol que quema, que nos causa dolor, que es de calor intenso. Porque en ocasiones no nos damos cuenta que no acabamos con lo que trajo la oscuridad, aún somos frágiles y le hemos dado el control de nuestra felicidad a otro/otra, sólo que ésta vez tiene nombre nuevo. Y muchos de nosotros cuando ésto pasa, nos ponemos las gafas oscuras, vemos el sol y lo disfrutamos a pesar de que se enrojece nuestra piel y de que estamos propensos a millones de enfermedades por exponernos a él sin importar consecuencias.

Está bien, disfruta del calor del sol mientras dure, pero al final de cada noche de oscuridad sobrellevada... despierta, levántate y ésta vez toma tus previsiones: un protector solar de 100fps para tu corazón, una sombrilla para tu mente, la ropa adecuada para tu alma y prepara un paseo perfecto para la compañía de éste día que se inicia. Trata de no pensar en el tiempo y tu día tendrá más horas, trata de olvidar los días anteriores para no perder el foco de hacia dónde vas en el día de hoy, intentando borrar las manchas que otros soles dejaron, sanando tu piel. Llénate de luz, porque así como hoy alguien enciende tu despertador para que veas lo soleado que está el día, mañana puedes quitarle las sábanas de la cara y despertar alguien más.

Busca un sol nuevo, distinto, sano y por sobretodo un sol que te permita ser libre; que no cambie tu color, que no dañe tu cabello, que no transforme tu ser, que no permita perder tu esencia, así, caminarás con luz propia y podrás ser el sol de alguien más.