Todos nos equivocamos. Regularmente, frente a nuestra computadora, realizando tareas, cometemos errores y para estas ocasiones siempre está un Edición>Deshacer que salva el día; lo deja todo tal y como estaba antes. Eso facilita la vida de muchos, permitiendo terminar nuestras obligaciones sin problemas, así de fácil. No importa el error que se cometa, siempre está un Ctrl+Z al rescate que actúa como si nada hubiese pasado: sea lo que sea, deja sin efecto la última acción.
Desafortunadamente, en la vida no todos los errores se arreglan de la misma manera. En algún momento mentimos, erramos, ocultamos, asumimos, evadimos, engañamos, obligamos, imponemos, olvidamos, en fin... una gran serie de cosas que, según el ojo que lo mire, son decisiones correctas o erróneas. La sociedad nos da el permiso y nos lo dice a cada rato: "Errar es de humanos".
Pero, ¿qué pasa cuando nos sobregiramos en errores, cuando ya la montaña de equivocaciones llega al tope, cuando las mentiras rebosan en tu cara y los engaños rebotan al caminar?... fácil, hacemos daño a otros. Así es, perjudicamos a terceros, y quien crea que esto es trabajo fácil se equivoca. Cuando tocamos el límite de equivocaciones, la pagamos caro. Recoger la moral no es para principiantes y allí es cuando comienza la acción: abrimos en los demás una gran herida donde lo que sobra son lágrimas, gritos, lamentos y hasta a veces sangre; una herida que en ocasiones es tan grande que cuesta suturar. Por lo tanto, si queremos seguir en marcha, la llenamos de "curitas" para saber cuánto más puede soportar con vida el afectado.
Entonces, comienza la segunda parte del trabajo duro de ser "humanos": las lamentaciones. Quienes son expertos en el área recomiendan, por cada mentira, pedir perdón las veces que sea necesario. Embriagar de argumentos como: "no fue mi intención", "no sé por qué lo hice" y un sin fin de habilidades que debes desarrollar para intentar arreglar las cosas es parte del protocolo.
En caso de que aquello no sea suficiente, cuando las cosas se complican, negarlo hasta al final es una opción, pero, a mi parecer, no la más recomendable. Podríamos salir victoriosos, pero nunca seremos inocentes. Para poder sostener un engaño, no hay más remedio que seguir engañando; cuidar cada detalle para no ser descubierto (definitivamente es trabajo para profesionales), ser cauteloso con lo que dices, haces o dejas de hacer, porque cada movimiento en falso es una oportunidad para ser descubiertos y tener que comenzar de nuevo con el proceso. Nos llenamos de vendas suficientes para detener el sangrado y comenzar de nuevo el trabajo duro de recuperar la confianza del otro.
En la vida (mas aún si de emociones hablamos), no tenemos un superhéroe Ctrl+Alt+Supr que dé marcha atrás y enmiende los errores que día a día cometemos. Sólo queda asumir nuestras equivocaciones, aunque esto implique abandonar o ser abandonados, terminar con la relación porque fui yo quien falló y no hay perdón que valga. Aunque sea duro, es el mejor camino, además, es el más corto.
Cuando el protagonista no eres tú y pasas a ser el afectado, la cosa se torna mucho más fácil; no necesitas de mucha inteligencia para resolver, total, la conciencia limpia es un beneficio a tu favor. Te puedes topar con mucha decepción, pero sabes que el culpable se topará con cosas peores. Cuando tienes el viento de tu lado, no cuentas con un Edición>Deshacer, pero sí cuentas con dejar todo atrás, levantarte y seguir tu camino: sabes que de personas así siempre hay algún aprendizaje. Si eres víctima, no le des muchas vueltas: dale Ctrl+Alt+Supr a tu mente y corazón, reiníciate la vida; sal de tu caparazón; conoce gente nueva; haz cosas distintas para no caer en lo mismo, sin generalizaciones, sin rencores, sin resentimientos.
Formatea la mente, no tengas miedo e inténtalo de nuevo las veces que sean necesarias.
Restaura tu imagen, ten una vista previa de lo que se avecina… ¡Disfruta!

